El estrés atrapado en el subsuelo alcanzó su nivel más alto en mil años. Una investigación de la Universidad de Hawái revela un almacenamiento silencioso.
La Falla de San Andrés acumuló un nivel de tensión tectónica silenciosa que no tiene precedentes en los últimos mil años, situándose en un punto crítico de estrés subterráneo.
Esta energía, que normalmente debería liberarse de manera gradual a través de movimientos telúricos, ha permanecido atrapada en el subsuelo profundo, según revela una investigación realizada por científicos de la Universidad de Hawái a partir del monitoreo de la actividad en el Cinturón de Fuego del Pacífico.
El estudio, publicado en la revista científica Journal of Geophysical Research: Solid Earth, detalla que los niveles de estrés acumulado a lo largo de las fallas de San Andrés y San Jacinto, al sur de California, ya alcanzaron y en algunos puntos superaron los registros de todo un milenio.
Un factor clave en este proceso es el Paso de Cajón, una zona que actúa como “puerta sísmica” y que puede retener la fuerza o permitir que la ruptura atraviese ambos sistemas simultáneamente, unificando la energía acumulada en un solo evento.
